Colecciona momentos, no zapatos

No sé si es la distancia, el paso del tiempo o que nos hacemos mayores … pero llega un momento en la vida de toda persona, en la que nos damos cuenta del verdadero sentido de la palabra familia, amigos … De lo que significa y de lo que implica.

Yo personalmente nunca he sido materialista, eso es cierto, siempre he valorado mucho más, por ejemplo, el detalle del regalo que el precio en sí, pero es cierto que en alguna época de nuestra vida todos nos hemos frustrado, cabreado e incluso llorado por no poder comprar “eso” que tanto anhelábamos, sin darnos cuenta lo inconscientes que éramos, quejándonos por no tener ese móvil de última generación cuando en la otra punta del mundo un niño se estaba muriendo de hambre por no tener ni un trozo de pan que llevarse a la boca.

  ¿Te has parado a pensar alguna vez lo afortunado que eres de poder descolgar el teléfono y escuchar esa voz que te calma, te apoya, te anima … ? ¿Somos realmente conscientes de la suerte que tenemos?

Miro a mi alrededor y veo con asombro cómo en muchas ocasiones lo material se ha impuesto a lo personal, donde parece que nos hace más felices irnos de compras que quedar para tomar un café con un amigo, o si tenemos que elegir, preferimos gastarnos el poco dinero que tenemos en ir a la última moda antes que salir a cenar con nuestra pareja.

¿Qué nos está pasando? Somos seres sociales por naturaleza y parece que las nuevas tecnologías, la sociedad de consumo en la que vivimos nos están alejando de todo eso y está cambiando nuestra manera de comunicarnos, donde preferimos estar encerrados en casa escribiéndonos por Whatsapp con alguien en vez de tener esa conversación cara a cara. Por muy modernos que seamos o pretendamos ser, y aunque estemos en la ‘Era 3.0’,  no hay nada que pueda sustituir una caricia o el intercambio de una mirada, al igual que un icono llorando de risa no se puede comparar con el sonido de una carcajada …

Ve con tu madre a dar un paseo si aún puedes pasar tiempo con ella;  llama a tu padre para ver qué tal le ha ido el día si es que aún puedes escuchar su voz; pasa más tiempo con tu familia si eres tan afortunado que tienes calor de  hogar; queda con tus amigos y disfruta de su compañía si tienes la fortuna de tenerlos a tu lado; besa, abraza y mira a los ojos a tu pareja y déja de enviarle corazones y un frío “te quiero” a través de un teléfono. Reaccionemos de una vez y seamos conscientes que no hay nada que pueda compararse con un beso o un abrazo en directo.

Miremos más allá y valoremos lo realmente importante: a quien tenemos al lado.

Laura Pérez

(Responsable de Comunicación AB Minerva Psicólogos)

Puedes descargar el artículo pinchando aquí  Colecciona momentos, no zapatos

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