Afrontar el estrés

El centinela dio la alarma, los hombres salieron apresuradamente de sus chozas, con las lanzas y los cuchillos preparados; acudieron a los puestos que ya tenían previamente asignados prestos a la defensa.

La tensión era máxima, la atención a cualquier signo amenazante, total.

Las mujeres se acurrucaban en las chozas, abrazando y protegiendo a sus hijos presas de una gran inquietud.

Silencio…

Súbitamente un nuevo grito del centinela constató que se trataba de una falsa alarma… todos respiraron aliviados, abandonaron las armas, las mujeres salieron de las chozas y todos volvieron a sus quehaceres habituales, aliviados

La paz, la calma habitual volvía a reinar en el poblado….

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Estrés: tensión: preparación del organismo para afrontar, con todos sus recursos, una amenaza. El problema es que la amenaza puede ser real o imaginaria. Da igual, el organismo se prepara de la misma manera…

En épocas remotas el estrés era un mecanismo de supervivencia justificado por las amenazas a las que el ser humano (realmente, todos los animales) debía enfrentarse y salir airoso para seguir viviendo…

Esas amenazas eran esporádicas. La rutina diaria era dura pero no amenazante de manera permanente.

Hoy las cosas han cambiado, hemos decidido vivir en un entorno hostil, con amenazas permanentes. Cualquier cosa puede “atacarnos” …

El ruido ambiental no nos permite relajarnos… el olfato no es capaz ya de avisarnos de todas las posibles amenazas, las multitudes pueden esconder cualquier ataque…

Pero no sólo eso… en el trabajo el entorno se vuelve permanentemente hostil. Los jefes tienen miedo de ser atacados por las personas de sus equipos, los trabajadores de menor nivel se ven amenazados por sus jefes… La “incompetencia” en la capacidad para relacionarse con los demás hace que la amenaza sea un continuo…

Al llegar a casa la situación no mejora… discusiones, recriminaciones, demandas…

El organismo no puede relajarse, permanentemente ha de estar presto a la defensa y… esa situación, insostenible, termina pasando factura…

Se ha demostrado que el estrés incide directamente en enfermedades graves: enfermedades cardiacas, respiratorias, del sistema digestivo, del sistema inmunológico, en el cáncer…

Pero, lo que es peor, no es el estrés debido a grandes amenazas, como “el ataque enemigo” del encabezado, el que más influye en estas enfermedades, ya que ese estrés, tras un pico, vuelve a cero y hace que todo regrese a la normalidad. Son las “pequeñas y continuas amenazas, las que no dejan que el cuerpo se recupere y las que, poco a poco, van socavando todas nuestras defensas y disminuyendo nuestra calidad de vida en el día a día y, en definitiva, nuestra vida, la duración de nuestra vida, en general.

¿Qué podemos hacer?

Vimos que el cuerpo reacciona igual ante las amenazas tanto si son reales como imaginarias. Lo que la mente cree que es real… ¡es real para el organismo! Un ruido en la oscuridad será amenazante en función de nuestras experiencias previas, independientemente de su procedencia real…

No podemos evitar (¿o sí?) (¿deberíamos decir “no queremos evitar”?) vivir en el entorno “hostil” en el que se desarrolla la mayoría de nuestra existencia, pero si que podemos trabajar sobre nuestras percepciones y sobre el afrontamiento que, ante los estímulos, realiza nuestro cuerpo.

Ante un “grito” de un cliente podemos pensar que es un ataque directo contra nosotros, y reaccionar a la defensiva o contraatacando, o podemos pensar que “tiene un mal día” y reaccionar de manera asertiva, tranquilizándole.

Ante “la amenza” de nuestra pareja podemos pensar que quiere hacernos la vida imposible o que es esa persona, de la que nos enamoramos, que está en una situación en la que demanda escucha, comprensión…

Ante amenazas “menores” podemos reaccionar aguantándolas, “echándonoslas a la espalda” o tomando medidas sencillas para eliminarlas, manteniendo el arousal (el nivel de alerta del organismo) a niveles lo más bajos posibles.

¿Cómo hacerlo? Por supuesto, aprendiendo, adquiriendo los conocimientos y ¡entrenándose! No existen “varitas mágicas” NO se adelgazan 15 kilos en una semana (sin consecuencias) no se prepara uno para un maratón en cinco días, no aprendemos un idioma en un fin de semana… Para cualquier cosa hace falta práctica, entrenamiento, constancia y, apara ello hace falta “querer de verdad” salirse del “hayque” y del “me gustaría” y, más aún, del “lo que tendría que ser…”

Si quieres estar bien, sano, alegre, en paz, feliz… es posible, pero tiene un precio: conocimiento y entrenamiento.

De ti depende pero, si eliges “pasar” al menos ¡deja de quejarte!

 

©  J. Diego Carro

Miembro de la S.E.A.S (Sociedad Española para el estudio de la Ansiedad y el Estrés)

AB Minerva Psicólogos

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